domingo, 12 de junio de 2011

El sueño Americano

Es incontable el número de veces que mis papás me dijeron: Titúlate!

Me queda completamente claro que lo decían con la mejor de las intenciones y con todo el amor que unos padres pueden tener por su hijo, en donde el objetivo implícito de dicho comentario era un deseo por que me fuera bien, que no tuviera carencias, que tuviera un sustento sólido para poder encontrar un buen trabajo que me diera estabilidad y sobre todo una posibilidad de formar una familia.



Los tiempos han cambiado, en la generación de mis papás era suficiente con tener el título; dicho papel garantizaba una vida estable en donde el poseedor de documento tal tenía la facilidad de conseguir un trabajo digno que daba la remuneración suficiente para sostener a una familia. Actualmente ya no es así, aun teniendo el título el sueldo de una sola persona no alcanza para sostener una familia y estamos hablando del mejor de los casos en donde el titulado encuentra trabajo. Hoy existen personas con maestría o con doctorado que o bien se encuentran desempleados o los sueldos que perciben se encuentran muy por debajo de lo necesario para cubrir sus necesidades básicas.

¿A qué nos lleva todo esto?

Lo anterior tiene una repercusión directa a la estructura familiar, la figura en donde el papá trabajar y la mamá es la ama de casa se convierte en una utopía. Ahora los dos tienen que trabajar y eso tampoco garantiza que el ingreso familiar generado entre ambos sea suficiente. Lo que sí garantiza es que los niños son educados por las guarderías, por el Wii, por la televisión y por cualquier otra actividad que garantice que los va a tener ocupados o mejor dicho, enajenados para que no molesten y no hagan ruido.

¿Qué tiene que ver todo esto con la vida?

La estructura laboral de la actualidad nos lleva a una forma de vida que tiene un solo objetivo: “corretear la chuleta”. Analiza el día con día: levantarse, bañarse (cuando da tiempo y no se hizo tarde), desayunar (es un lujo que pocos se pueden dar, generalmente es sustituido por un yogurt para beber en el auto), salir corriendo a encontrarse con un tránsito impresionante que provoca un tiempo de traslado de 2 horas promedio (en la ciudad de México) sólo de ida al trabajo, llegar al trabajo y no sólo cumplir con el horario establecido, son tiempos difíciles y hay que mostrar compromiso con la compañía y por lo mismo hay que trabajar únicamente medio día (de 8:00 a.m. a 8:00 p.m.), de ahí tomar el camino de regreso a casa (otras 2 horas) y es ahí en donde termina el día laboral.

Debes de ser Superman para que después de un día así te queden energías para estudiar (actualización continua), realizar una actividad física, tener un jobbie, dedicar tiempo de calidad a los hijos, ver las noticias (por que debes de estar enterado de lo que pasa en el mundo), ver tu programa de televisión favorito o una película, hacer el amor con tu pareja y dormir apaciblemente esperando que mañana sea un día igual de maravilloso.

¿Todo lo anterior con qué fin? ¿Cuál es el objetivo?

Tomando en cuenta la información que nos llega en la escuela, en el trabajo, de nuestros padres, amigos, conocidos y todo el mundo que nos rodea, el objetivo es ¡ser una persona exitosa! Y ese éxito únicamente lo puedes obtener si vistes bien, estás casado, tienes hijos (2 exactamente, uno es hijo único y va a estar muy solo y más de dos estás sobre poblando al planeta) una casa propia (rentada no cuenta porque es tirar el dinero a la basura y no tienes patrimonio), dos carros o más (uno no es suficiente, debe de haber un carro para el papá, una camioneta para la mamá y un carro por cada hijo que tenga edad para conducir), un perro y asistir u organizar barbecue los domingos (después de ir a misa, por supuesto) para socializar con tus vecinos y amigos.

Lo interesante del caso es que se mide el éxito en qué tan cercano o cuántos de los puntos enlistados anteriormente ha logrado la persona y si no tienes todo lo anterior la sociedad (padres, hermanos, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, etc.) se vuelca en tu contra diciendo que eres un mediocre, un jodido, una quedada, o simplemente eres castigado con el castigo de la indiferencia o eres víctima de la crítica a tus espaldas.

Cabe aclarar que no estoy diciendo que sea malo el lograr todo lo anterior o que no se deba dar énfasis al desarrollo personal, mi pregunta aquí es: ¿Te has detenido a preguntar si siquiera te gusta lo que estás haciendo? ¿Te gusta tu vida?

Estamos envueltos en una vorágine de eventos que nos marca el día con día y el lograr ese éxito que nos marca el sueño americano no garantiza que vayas a ser feliz, que vayas a estar en paz contigo y lo que sí garantiza es que en el momento en que lo logres va a venir en automático la pregunta de una sola letra:

¿Y?

En el prólogo (ver pestaña superior) se ejemplifica el conflicto existencia en una persona “X” que puedes ser tú o yo o quien sea, que aun logrando absolutamente todo lo que se le dijo que tenía que lograr para sentirse merecedor de un lugar respetable en este plano, se cuestiona ¿Me gusta mi vida?

La decisión de lo que nos llena de felicidad, de lo que nos es realmente importante es una decisión totalmente personal e intransferible y te invito a simplemente preguntarte: ¿Lo que estoy haciendo con mi vida es lo que siempre quise?

Acompáñame en ésta interesante travesía del autoconocimiento, pregunta, refuta, argumenta y logremos en conjunto el objetivo: No quiero tener la verdad de todas las cosas, pero sí quiero saber que aunque sepa una sola cosa, saber que eso es verdad…

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